Reseña de "Coyote vs. Acme": una divertida y genuina celebración a los Looney Tunes


Por generaciones, los Looney Tunes han cautivado a las audiencias del mundo a través de la pantalla grande, regalándonos tantas carcajadas gracias a su humor físico, los diálogos ingeniosos y memorables, la experimentación con el medio de la animación y las fuertes personalidades de sus personajes. Sus historias conectan con las personas, sin importar que sean chicos o grandes.

Pero pese a su legado e importancia en la historia del cine, su productora, Warner Bros., nunca ha sabido qué hacer con ellos. Desde comentarios de la propia administración confundiendo a Bugs Bunny con Mickey Mouse hasta múltiples absurdos intentos de infantilizar y comercializar a los personajes, sea en "Baby Looney Tunes" o en comerciales extendidos de Nike con la estrella de basquetbol de turno.

Queda claro que, más allá de "Space Jam" del año 1996, ninguna película narrativa de los clásicos personajes logró un éxito similar o una gran conexión con las audiencias, fortaleciendo el mito de que a nadie actualmente le interesan los personajes y, por ello, deberían ser relegados a ser contenido infantil en un servicio de streaming: solo un montón de caricaturas viejas, solo otra propiedad intelectual más.

Pero "Coyote vs. Acme" resulta un caso peculiar. La película ya llamaba mucho la atención por el intento de Warner Bros. de borrarla legalmente por una deducción de impuestos de $30 millones, lo cual causó furia en las redes sociales y también dentro de la industria de Hollywood, pero eso no bastaría para calificarla como buena solo por sobrevivir una mala decisión financiera. Esta película comprende qué es lo que hace a estos personajes tan queridos y logra añadir y construir sobre su mitología.

Después de décadas fallando en atrapar al Correcaminos, el Coyote decide hacer lo impensado: demandar a ACME, la compañía responsable de todos los productos defectuosos que arruinaron sus planes. En el juicio más absurdo de la historia, la comedia y la animación se mezclan en una batalla legal que podría cambiar el destino del desierto… para siempre.



Justamente la magia de la película es que se permite trabajar con una premisa tan absurda y con personajes tan descarados sin comprometerse a cambiarlos, y eso es prueba suficiente de que dichos personajes pueden funcionar en cualquier género en el que quieras ponerlos; en este caso, es una brillante comedia que también funciona como un drama judicial.

El conflicto radica en la denuncia a la megacorporación ACME por el abuso físico de las caricaturas al experimentar con productos que se les venden a los humanos, y en cómo intentan silenciar y deshumanizar a cualquiera que hable en contra de ellos.

Aunque se acerque más a "Looney Tunes: De nuevo en acción" en tono y fidelidad, "Coyote vs. Acme" logra con éxito conectar emocionalmente con la audiencia. No tiene que traicionar el espíritu de los personajes ni caer en la manipulación emocional para hacerlo, ni tampoco tratar todo como un chiste para entretenerte. Su fuerte es que su ingenioso guion, escrito por Samy Burch, con la historia concebida por James Gunn y Jeremy Slater, es la perfecta combinación entre el caos y la sinceridad.

El Coyote es un personaje descarado, alocado y mezquino, pero aun así empatizas con él y su causa, aun si sus intenciones no son del todo nobles. Mientras más avanza la película, el Coyote logra obtener una catarsis emocional sin que tenga que decir una palabra en toda la cinta ni que su personaje cambie por completo.



Todo el reparto entrega actuaciones magníficas, comprometiéndose al 100% con la premisa sin una pizca de ironía. Will Forte como Kevin Avery y Lana Condor como Paige tienen una divertida química entre tío y sobrina por cómo sus puntos de vista sobre su trabajo como abogados contrastan fuertemente: Condor siendo una eterna optimista que quiere aplicar la ley justamente ayudando a las caricaturas, mientras que Forte es un cobarde forzado a continuar con el caso por la actitud impulsiva del Coyote, cuando preferiría un acuerdo económico por miedo a fracasar.

John Cena también divierte como Buddy Crane, el abogado rival de Kevin, como un bravucón arrogante y confiado que es presionado por el CEO de ACME, el Gallo Claudio, para evitar manchar la imagen de su corporación. Incluso personajes menores interpretados por P. J. Byrne, Luis Guzmán y Martha Kelly logran sacar carcajadas, complementando la comedia de la película en vez de competir por la atención del público contra los Looney Tunes.

Pero las verdaderas estrellas aquí son los Looney Tunes, y la película lo tiene claro. La película ofrece bastantes referencias a los cortometrajes hasta a los animadores, sin recaer en el abuso de la nostalgia ni en que esto sea un elemento de distracción, mientras que cada uno cumple con un rol más allá del Coyote.

La megaestrella, Bugs Bunny, naturalmente se roba la atención con las dos breves pero excelentes escenas en las que aparece para ayudar a nuestros héroes, con el Pato Lucas, Piolín y otros personajes siendo víctimas de los abusos de ACME. Incluso la Abuelita y el Dr. Lorre añaden varias risas y mucho corazón a la historia de una forma inesperada. El tiempo en pantalla del Correcaminos también es limitado en comparación con el del protagonista Coyote, pero no desperdician ningún segundo, y hasta logran crear una de las escenas más divertidas y catárticas de la cinta cuando aparece en el juicio, lo que le da un nuevo significado a su dinámica.



En casi todos los aspectos técnicos, la película se ve estupenda y digna de verse en una pantalla grande. La fotografía, realizada por Brandon Trost, permite mezclar la realidad con la ficción de los personajes animados de forma juguetona y dinámica, sin caer en composiciones insípidas o estáticas como se ha visto en muchos blockbusters recientes. El editor Carsten Kurpanek logra que la película mantenga un ritmo rápido sin que se sienta acelerado o desenfocado, sabiendo cuándo mantener los momentos más lentos para que tengan más peso o cuándo terminar un chiste antes de que deje de ser gracioso.

Steven Price, compositor de "Gravedad", también entrega una maravillosa banda sonora utilizando una orquesta clásica y cinematográfica con tintes cómicos en sus composiciones. Incluso hay que reconocer el trabajo de los artistas de efectos visuales, quienes hacen un gran trabajo mezclando la realidad y lo caricaturesco. No es un trabajo fácil hacer que una calle de asfalto genere olas como en un dibujo animado o que un actor live-action interactúe con un objeto animado.

Sin embargo, aquí también recae el único punto negativo de la película, y lamentablemente es algo difícil de ignorar: la animación CGI con estilo 2D.

La película emplea esta técnica para la mayoría de los Looney Tunes y, aunque se aprecia el esfuerzo, resalta mucho el intento de darle dimensión a personajes cuyos diseños funcionan mejor cuando son dibujos planos. Esta decisión podría haber sido un compromiso con la productora, Warner Bros. Animation Group (ahora bautizada Warner Bros. Pictures Animation), para utilizar animación por computadora y ahorrar tiempo de producción, pero el resultado es muy distractorio, principalmente con los personajes de Coyote y el Gallo Claudio, que entre planos pueden variar entre verse bien o muy fuera de modelo. Muy rara vez logran la expresividad o exageración que solo un dibujo real puede lograr.



Lo curioso es que la película sí emplea animación 2D, pero solo con personajes menores, con algunos cameos como Porky o el mismísimo Bugs Bunny, quizás por petición del director de mantener algo de animación tradicional como en otras cintas de los personajes. Aun así, de haber aprovechado la técnica de "Looney Tunes: De vuelta en acción" —la animación dibujada a mano con shading más dimensional—, la película se hubiera enriquecido visualmente incluso más.

Pese a esto, es evidente que una película que abiertamente critica a una megacorporación y que utiliza fielmente a estos personajes no iba a resonar con la administración actual de Warner Bros. No es una película que se pueda vender fácil a un público infantil, pero el lado positivo es que no tiene por qué.

Si "Space Jam: Una nueva era" mostraba a los Looney Tunes en su forma más predecible, sosa y superficial, lo que han logrado con "Coyote vs. Acme", y también la maravillosa "El día que la tierra explotó: Una película de Looney Tunes", es demostrar que estos personajes sí funcionan en el formato de largometraje y que se puede construir una película alrededor de ellos, en vez de tenerlos como adorno.

El as bajo la manga de por qué la película funciona tan bien fue permitir que los cineastas hicieran la película que quisieran hacer, sin importar a qué público está dirigida. Los personajes funcionan tan bien hoy como hace 80 años y, si Warner Bros. fuese listo, buscaría la manera de permitir que los personajes brillen sin limitaciones de lo que pueden o no hacer, sin celebridades que acaparen la atención, sin necesidad de una presencia de marca.

Al igual que el Coyote con el Correcaminos, solo es cuestión de aprender de tu fracaso y seguir intentándolo de nuevo.