Reseña de "Backrooms": una adaptación que se pierde en sus propios pasillos


Fue en mayo de 2019, en el tablón dedicado a temas paranormales de uno de los foros más controversiales de Internet, 4Chan, donde se originó uno de los fenómenos más populares de los últimos años: los Backrooms.

Definir qué son los Backrooms es algo complicado. Citando a la misma película de la que hablaré hoy: 

"Es como pedirle a alguien que nunca ha visto un perro que dibuje uno. Podrás explicarlo a detalle y tal vez acierte en algunos aspectos, pero nunca será como la experiencia de ver uno". 

Los Backrooms nacen de la imaginación colectiva de internet: un proyecto que no surgió de una sola persona, sino de toda una comunidad que fue alimentando y expandiendo la leyenda con el paso del tiempo. Poco a poco comenzaron a aparecer más niveles, más anomalías y más historias sobre lo que podía encontrarse dentro de estos interminables cuartos amarillos. Sin embargo, no fue hasta 2022 cuando un joven de 17 años conocido en redes como Kane Pixels decidió publicar lo que terminaría convirtiéndose en la adaptación más popular de esta leyenda urbana del Internet moderno.



Basándose en el formato found footage y utilizando elementos del terror analógico, Kane inició una serie de cortometrajes en los que se exploraban distintos niveles de los Backrooms. A través de ellos, nos mostró las extrañas anomalías que habitaban estas habitaciones infinitas, mientras construía una historia tan críptica como fascinante.

En 2023, la productora A24 contactó a Kane para desarrollar un largometraje basado en sus cortometrajes. Así, "Backrooms" llegó a los cines de la mano de A24 e Imagen Films, a quienes agradecemos la invitación a la función de prensa. Ahora sí, les cuento qué tal está.

La película nos sitúa en la década de los noventa y sigue la historia de Clark, un hombre que atraviesa diversos problemas personales: un complicado divorcio y un fuerte problema de alcoholismo. A pesar de asistir constantemente a terapia, parece incapaz de salir adelante. Su psicóloga, por su parte, también carga con traumas de infancia, lo que añade otra capa de complejidad a la historia.

Clark es dueño de una tienda de muebles que ha comenzado a presentar constantes fallas eléctricas. Cuando un electricista acude a revisar el problema, Clark descubre un misterioso interruptor que aparentemente no está conectado a ninguna parte de la tienda. Al activarlo, comienzan a suceder cosas extrañas.

Una noche, los problemas eléctricos regresan y Clark decide investigar una misteriosa luz que emana desde el sótano. Allí encuentra una pared falsa que conduce a una habitación desconocida. Al cruzar el umbral, descubre algo imposible: las habitaciones parecen extenderse infinitamente, sin un final aparente.

Intrigado por el descubrimiento, Clark le cuenta lo sucedido a su psicóloga, quien se niega a creerle dado su frágil estado mental. Decidido a demostrar que dice la verdad, reúne a algunos de sus empleados y, cámara en mano, se adentra junto a ellos en la inmensidad de los Backrooms



Siempre me he considerado fanático del concepto de los Backrooms. Es el tipo de proyecto especial en el que una comunidad entera se encarga de mantener viva la idea, permitiendo que evolucione y crezca más allá de la visión de una sola persona. Sin embargo, la interpretación de Kane fue tan acertada que parecía el único capaz de llevar este concepto a la pantalla grande, y afortunadamente la película demuestra que estaba a la altura del reto.

En años recientes hemos visto varias adaptaciones fallidas de leyendas urbanas de internet y creepypastas —como "Slender Man"—, o producciones que toman elementos de los espacios liminales para construir sus historias, como la serie "Severance". Muchas no terminan de funcionar porque fueron desarrolladas por personas que no comprendían realmente el material que intentaban adaptar. "Backrooms", en cambio, se siente hecha por alguien que entiende perfectamente qué hace tan inquietante este fenómeno.

La película consigue incomodar al espectador de una forma inteligente y bastante distinta a la de los cortometrajes originales. En lugar de centrarse exclusivamente en el misterio de los cuartos infinitos, apuesta por un enfoque más psicológico, explorando la mente de su protagonista y sus conflictos internos.


Clark
es un personaje emocionalmente inestable que encuentra en este nuevo mundo una especie de refugio. Esa relación termina convirtiéndose en el verdadero eje de la historia, y aunque la idea es interesante, también es uno de los aspectos que más conflicto me generó.

Personalmente, esperaba que un largometraje de Backrooms profundizara más en los propios cuartos y en la mitología que los rodea. La película opta por un camino diferente, y no lo considero una mala decisión, pero definitivamente no era lo que esperaba.

Entiendo que muchas preguntas quedan abiertas con la intención de desarrollar futuras secuelas, pero siento que la historia se habría beneficiado más de un formato episódico para streaming que de una película de duración convencional. Hay varias tramas que se plantean y nunca terminan de desarrollarse adecuadamente, como todo el trasfondo relacionado con la infancia de la psicóloga, que al final tiene muy poca relevancia dentro de la narrativa.

En el apartado visual, lo más destacable son los propios Backrooms. A diferencia de los cortometrajes originales, donde gran parte de los escenarios fueron creados mediante CGI y Blender, aquí se construyeron sets reales que logran transmitir exactamente la misma sensación de incomodidad y extrañeza que aquellas imágenes sin contexto que cautivaron a miles de internautas hace años.


Tuve la oportunidad de asistir al panel de la película durante la CCXP México, celebrada hace algunas semanas. Allí, Kane habló sobre el proceso de adaptación y mostraron material detrás de cámaras donde se apreciaba la construcción de estos enormes escenarios. Ver el nivel de detalle y dedicación que implicó recrear los Backrooms de manera física fue realmente impresionante. En una época donde el uso excesivo de efectos digitales se ha vuelto habitual, resulta refrescante encontrar directores que todavía apuestan por efectos prácticos y escenarios construidos a escala real. Sin duda, es uno de los mayores aciertos de la película.


Otro aspecto que merece reconocimiento es la banda sonora, compuesta por el propio Kane. Inspirada en sonidos y atmósferas similares a las de The Caretaker, la música juega un papel fundamental en la construcción de la tensión y la incomodidad, complementando perfectamente la experiencia visual y potenciando la sensación de estar atrapado en un lugar imposible.



Sin embargo, no todo funciona igual de bien. El principal problema de la película es que dedica muy poco tiempo a explorar el mundo que la rodea. No se explica prácticamente nada sobre los cuartos, quiénes están detrás de ellos, cuál es su propósito o por qué intentan replicar elementos de la realidad. Apenas recibimos algunas pistas relacionadas con la empresa que investiga estas anomalías.

Al igual que los cortometrajes originales, la película apuesta por mantener el misterio y ser extremadamente críptica. Esto funciona muy bien en videos cortos de YouTube, donde gran parte de la experiencia consiste en teorizar y completar los vacíos con la imaginación. Pero en un largometraje, considero que esta decisión termina jugando en su contra: deja demasiadas preguntas sin responder y reduce el impacto de algunas revelaciones.

A pesar de ello, "Backrooms" sigue siendo un homenaje interesante a toda la cultura de internet que se ha desarrollado alrededor de este fenómeno. La película incluso incluye algunos guiños y easter eggs curiosos, como la aparición de la canción "Ulterior Motives" —también conocida como "Everyone Knows That"—, una referencia que conecta directamente con otro de los grandes misterios recientes de la cultura de internet y la comunidad de la lost media.


En conclusión, "Backrooms" es una adaptación digna de uno de los conceptos más populares surgidos de internet. Es una película extraña, incómoda y perturbadora; una obra que logra trasladar a la pantalla grande muchas de las sensaciones que aquellas imágenes originales provocaban en quienes las descubrían por primera vez. Aunque su guion presenta varias debilidades y deja numerosos elementos sin desarrollar, sigue siendo una propuesta fresca dentro del cine de terror actual. Para quienes ya conocen el fenómeno, es una adaptación respetuosa e interesante; para quienes nunca han escuchado hablar de los Backrooms, puede convertirse en una experiencia inquietante y fascinante. Con todas sus virtudes y defectos, la película logra algo importante: incomodar al espectador y dejar una sensación persistente mucho después de que terminan los créditos.